lunes, 20 de noviembre de 2017

Pabellón Real, en la Exposición Iberoamericana, de Sevilla.


Pabellón Real, en la Exposición Iberoamericana, de 1929.
Postal. Pabellón Real.
Debe su nombre a haber sido proyectado para albergar las Colecciones artística de la Real Casa, que figuraron en la Exposición Iberoamericana. Se terminó en 1916 y su estilo se halla inspirado en el gótico flamígero. Obra, como los demás edificios de la Plaza de América, de Don Aníbal González, está construido sobre gradas de piedra y precedido de un espacioso atrio con asientos, basamentos de farolas y seis pedestales de ladrillo tallados sobre los que van sendas águilas en piedra artificial obra del escultor sevillano José Ordóñez, que sostienen los escudos de otros tantos estados de la Monarquía Española: Señorío de Vizcaya, Reino de España, Ducado de Borgoña y Toscana, Señorío de Molina y Reino de Jerusalén . Los altos zócalos del amplio vestíbulo, con cuadros cerámicos alusivos a la Orden de Montesa, fueron pintados  por Gustavo Bacarisa y en los demás salones lo fueron por los más destacados pintores y ceramistas del momento.
Las siguientes fotografías, son de un mes antes de su inauguración, en el año 1916.
Detalle de la cadena que cierra la entrada al vestíbulo.
Interesante puerta del interior del pabellón.
Un detalle del exterior del pabellón.
Detalle de una galería.
Vista lateral del pabellón.
Un detalle exterior.
Otro detalle exterior.
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A continuación, tres perspectivas del Pabellón de la Casa Real, una vez concluidas las obras.
Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII, como una prueba más de su amor y entusiasmo por Sevilla y la Exposición Iberoamericana, se dignó asociarse a la misma, con tal largueza y magnanimidad, que Sevilla siempre le estará agradecida.
Los ejemplares de más interés que se conservan en las reales Armería y Caballerizas y en la Colección de Tapices de la Corona de España, fueron traídos al Pabellón de la Plaza de América, dando con todo realce y esplendor inusitado a la interesante manifestación que de nuestras antiguas artes e industrias se conmemora en los momentos actuales. Por ello el Pabellón Real merecía un estudio detenido, y ya que esto no es posible, al menos una mención señalada y especialísima, de todos y cada uno de los principales objetos, que con justa oportunidad y colocación perfecta y adecuada, se guardaban en el ámbito de sus salas.
Destinada la primera a la Real Armería, figuraban en ella los arneses ecuestre y de a pie del emperador Carlos V, espadas y rodelas como la del "Plus Ultra", con la apoteosis del César, cuyo pensamiento y dibujo suponen fuera de Julio Romano. Flórez, en su España Sagrada, según nota del Catálogo del Conde de Valencia de Don Juan, asegura que fue hecha por el milanés Luis Marliano. En vitrina central, manoplas góticas, borgoñotas, estribos y pistolas; adargas, entre ellas, las de Felipe II, decorada y hecha de plumas de diversas aves por los indios Amantecas de México y en la que figuran, primorosamente ejecutado los triunfos españoles de las Navas de Tolosa, la entrada de los Reyes Católicos en Granada, la victoria de los Pozos de Túnez y la batalla naval de Lepanto. Obra admirable esta adarga que, según el sentir de los que de ella se han ocupado, se le considera como la pieza más importante de cuantas de esta labor existen en los museos de Europa.
Pero no solo era el arte lo que imperaba en esta Sala; época gloriosa de nuestra historia, evocan el arnés de Mulhberg, y aquellas armas que usara el César Carlos V, cuando bajo su cetro no se ponía el sol, en los dominios españoles.
Carroza de ébano, de mucho mérito artístico, llamada vulgarmente de "Doña Juana la Loca"
Silla de manos que perteneció a Felipe V.
La sala segunda era la de Reales Caballerizas; tan interesante en su género como la primera; la presidía, por decirlo así, la magnífica carroza negra, tallada, que vulgarmente se llama de "Doña Juana la Loca", soberbio ejemplar del siglo XVII; la Silla de manos, rococó, con lindas pinturas, que perteneció al Rey Don Felipe V, y bellísimas piezas bordadas en reposteros, dalmáticas, penachos y pistoleras de distintas épocas y estilos, que se guardaban en vitrinas.
Borgoñota de visera movible.
Arnés "de faja espesa", de Carlos V.
En la tercera Sala, ocupaban lugar preferente las tapicerías; en el frente de ella, el dosel incomparable, de Carlos V, y luego de su hijo don Felipe. Se asegura, con ciertos visos de verosimilitud que, bajo aquél, y en día memorable, abdicó el primero, los extensos dominios de la Corona de España en su hijo primogénito, para concluir sus días, en el santo retiro de Yuste. Forman el dosel tres paños o tapices, en los que no se sabe que admirar más, si las manos del gran artista que dibujara los cartones o las que tejieron con sedas, plata, oro y lana, piezas tan incomparables y perfectas que, más que tapices, parecen riquísimas pinturas flamencas. Completan el adorno del salón los tapices llamados de la "Fundación de Roma", de gran interés y que en nada desmerecen del dosel anteriormente indicado.
Dosel del emperador Carlos V. (Siglo XVI).
Celada morrión representando. al parecer, la cabeza del emperador Carlos V.
(Forma juego con la rodela, que veremos a continuación)
Rodela para combatir a pie.
El resto del Pabellón Real lo componen tres pequeñas salas de la época de Carlos IV, ideadas con gran acierto y adornadas con exquisito primor y carácter de época. Muebles de gran riqueza, relojes y candelabros de bronce cincelado, finas arañas de cristal tallado, tapices de cartones de Goya, y otros de estilo Luis XV, y cuatro más bordados a mano con seda que semejan perfectas pinturas, completándose el conjunto de extraordinaria distinción, con lindas alfombra de nudo en los suelos, y otras de seda, con las que se formaron los techos o cielo-raso de las estancias. Procedía todo o la mayor parte, de los Reales Sitios d Aranjuez y el Escorial.
Rodela para combatir a pie. (Siglo XVI)
(Representa la apoteosis del emperador Carlos V).
A grandes rasgos, esta es una ligera descripción del acerbo magnífico con que la Casa Real aumentó el interés del Certamen Iberoamericano, pero no he de concluir sin hacer constar, nuevamente, con el mayor y más profundo respeto, el agradecimiento que tuvo Sevilla entera y especialmente de la Dirección y Comité de la Exposición, a Su Majestad, que con tal magnificencia honró una vez más, a su ciudad querida.

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viernes, 10 de noviembre de 2017

Trigueros, tiene un Santo, afiliado a la UGT.

San Antonio Abad, de Trigueros (Huelva), está afiliado a la UGT.
No se trata de un hecho forjado por la calenturienta imaginación de un meridional, sino de un suceso verídico, que parece un cuento.
Es en Trigueros, un pueblo de la provincia onubense, blanco como el jazmín, limpio como los chorros del oro, tranquilo y sosegado, como que no padece hondas preocupaciones, ni sufre torturadoras necesidades.
Es Patrón de este dichoso pueblo San Antonio Abad, y siempre se le tuvo una extremada veneración, rivalizando en sus fervores los devotos de todas las clases sociales. Fue San Antonio Abad, en vida, poderoso y eminente, y un glorioso día en que se incendiara su corazón con fuegos de humildad, y se santificara con virtudes excelsas, renunció a todos sus bienes, entregándolo a los pobres y retirándose a la soledad del desierto.
Una vista de la Plaza de la Libertad, exornada con motivo de las fiestas.
No pueden olvidar las clases proletarias este ejemplar rasgo del santo varón, y así se lo admiran, dedicándoles todos sus entusiasmos.
Para hacerlo más de ellos no se contentaron en Trigueros con venerarlo en los altares, y con aclamarlo frenéticamente, durante la pública procesión con que anualmente se le festeja, sino que al crearse el Centro Obrero adherido a la Unión General de Trabajadores, allá por el año 1928, lo inscribieron con el número uno, en la lista de sus afiliados, extendiéndole el correspondiente carnet, que dice de esta manera: "Antonio Abad. Edad, ciento un año. Profesión, Santo. Vecino, de Trigueros".
Y todos los demás socios turnan en el pago de la cuota del Patrón, con lo que está siempre libre de morosidad.
Desde un balcón próximo están "tirando", mientras el santo, a corta distancia, preside la ofrenda, en medio de la muchedumbre.
Todos los años, a mediados del mes de Enero, dedica Trigueros a su excelso patrón una gran fiesta religiosa y popular, en ella se desborda el entusiasmo de los vecinos en tales términos, que no son para describirlos.
El Domingo por la mañana, el alcalde se hace cargo del santo y lo entrega al fervor y a la alegría de los vecinos. Ellos, lo pasean por todas las calles de la villa, sin dejar atrás ni a la más humilde y apartada, atronando el ambiente con vítores y aclamaciones.
El Santo sale de la Iglesia. El alcalde empuña el cetro simbólico, que más tarde entregará, al pueblo soberano.
La imagen del Santo, entre fervorosa devoción, en la calle principal de Trigueros.
Y sucedía repetidamente esta cosa singular, en extremo pintoresca y emocionante, delante del paso del santo, iban una multitud de pedigüeños, no solo del pueblo, sino de los circunvecinos. Un cohete lanzado desde un balcón es la señal, para que el paso se pare ante la casa, y para que los necesitados se apresten a recibir las limosnas, que por el balcón les había de arrojar. y presto, una lluvia de artículos alimenticios, prendas de vestir y dinero cae sobre aquella multitud, que con ansias locas corre a disputárselos, sin ninguna clase de acometividad colérica, ni de desenfrenados atropellos. Y así, durante todo el Domingo hasta que anochecido se recoge en la iglesia, después de haber recibido el más fervoroso homenaje del pueblo.
El lunes se celebra la función oficial para llevar el santo a su ermita, repitiéndose las mismas y pintorescas escenas de entusiasta devoción.
La procesión del año 1932, que es a la que corresponden esta imágenes, se revistieron de mayor solemnidad, si cabe, que en años anteriores, ya que el alcalde republicano puso empeño en extremar la nota, para demostrar que no solo merecen los mayores respetos las efusiones tradicionales del pueblo, sino que hay que tenerlas en cuenta, para gobernarlo y servirlo.
A cambio de la aportación económica, voluntaria, se regala al vecindario un hermoso "paquidermo". He aquí la soberana estampa del año 1932, adornado con la clásica faja, en la que aparecen bordadas una inscripción alusiva y la simbólica enmienda.
También el presidente del Centro Obrero del que es socio el santo patrón, acompañó el paso hasta la iglesia, confundido con la multitud fervorosa.
Ello demuestra la capacitación de estas gentes, cuando de tal modo sabe sentir los latidos del pueblo, y apreciar hasta que punto son profundos y sinceros.
Buen ejemplo a imitar por tantos otros pueblos españoles, ciegos en su intransigencia y sectarismo.
Desde los balcones, los vecinos lanzando monedas, al paso del Santo, afiliado a la Casa del Pueblo.
Notable fotografía que muestra la curiosa actitud de un grupo de pedigüeños, en ocasión de recibir las limosnas, que les reparten desde un balcón.