jueves, 20 de abril de 2017

Paseo de Caballos, por la Feria de Abril, de Sevilla.

Paseo de Caballos por el Real de la Feria de Abril, de Sevilla
No hay mejor delicia que la mañana en la Feria de Sevilla. La brisa fresca, sutil y perfumada, acaricia los rostros, y la luz reviste  la escenografía de colores chillones y cálidos. En todo parece haber cordial plenitud. Los arrecifes y las casetas revientan de gentes que van y vienen, solemnes y reposadas. De cuando en cuando el aire trae ráfagas de aceite frito que hace pensar en las proezas de las clásicas buñoleras y en los sabrosos "churros" de la tierra, dorados y calientes, de donde reciben el nombre por antonomasia popular: los "calentitos".
Paseando a caballo por el real de la Feria
Los paseos centrales, los andenes de las casetas, bullen rumorosos con la multitud que, eliminado el cansancio de la anterior jornada, vuelve a la Feria, sedienta otra vez de cromatismo delirante, de inyecciones de alegría, de diversión plácida en el fulgor de Sevilla en fiestas. Para la hora del pleno sol, reserva la Feria su más sugestivo espectáculo. Es entonces cuando irrumpe en la doble calzada, arteria principal de la ciudad de lona, los caballistas, que, como tropel de centauros, se desparraman inquietos y nerviosos, bajo el multiplicado arco triunfal de los farolillos, ahora sin luz, pero ofuscantes por la variedad de sus envolturas y de sus tonos.
Antonio Cañero
El caballista, el jinete, encarna, por supuesto, una de las instituciones tradicionales de Sevilla. No se olvide que la cultura andaluza, sevillana si se quiere, representa al decir de Ortega y Gasset, un "sustrato" campesino o agrario, en contraposición con el carácter bélico castellano. El culto a la caballería viene a ser además una costumbre de raza. Se nace para la equitación, como cabalgan desde la infancia el tártaro y el gaucho, o el hombre de Andalucía la Baja. Sevilla ama, pues, la caballería por un sentimiento nativo de la más pura herencia ancestral.
A La grupa del caballo
El caballo la mujer y la rosa eran considerados poéticamente por los árabes, como las criaturas más bellas de las Naturaleza, y nadie ignora cuanta sangre árabe corre por las venas de los lustrosos corceles andaluces.
Caballistas ante las típicas casetas
Este culto al caballo significa por otra parte una revelación de la finura espiritual sevillana. Si para el más agudo idealista de los filósofos griegos el caballo representaba la idea típica del irracional -y no otra explicación semántica se me ocurre para interpretar el término álogos-, el sevillano, cuya sensibilidad no está exenta de idealismo, también concibe al noble bruto como el tipo más bello de cuanto le rodea en el mundo irracional de la Naturaleza.
Desfile de jinetes en el paseo matutino
Pues he aquí, en el real de la Feria y a la plena de luz de la radiante mañana abrileña, al elegante centauro andaluz. No cabalga por necesidad, ni ninguna inquietud le apresura. Viene con regocijo, con deleite, a lucirse. A lucir, primero,  a su corcel que ha abandonado las dehesas feraces o las cuadras cortijeras para que esplenda la gracia, el ritmo, el pelaje, la lámina de su fina escultura. A exhibir después su viril destreza, a ofrecerse en espectáculo, como apunta Salaverría. "Rígido, grave, altanero sobre su caballo al paso, el andaluz no consentiría hacer ningún gesto de mojiganga a estilo de "cow-boy" o de cualquiera otra especie de operador de circo. Tiene un sentido más elevado, más religioso que todo eso, de la sublime función del jinete. La mano izquierda en la rienda, la derecha descansando sobre el muslo, recto y entonado, el caballero de Sevilla, resulta, en efecto, la cosa más bellamente decorativa que puede imaginarse".
Un alto en el paseo
Aún resalta más la gallarda fisonomía del caballista con la decoración que le presta el vestuario. Sobre la silla vaquera las fundas de cuero de los zajones fortifican la perspectiva de sus musculosas piernas, que se abrazan al caballo con solidez precisa para el perfecto equilibrio del torso. En la cintura la faja coloreada, en el pecho la chaquetilla corta, que ciñe sin presión el busto, como si pretendiera dejarlo más libre para el contoneo, o para la solemne y estatuaria rigidez. En la cabeza el sombrero, ancho de alas para sombrillear el rostro, como recuerdo y ejecutoria de la vida campera. Con este talante, el buen jinete, presume de naturalidad, es decir, no alardea del ejercicio de la cabalgadura, porque lo aprendió sin sentir en sus infantiles años o porque se lo ha impuesto la práctica de sus trabajos perentorios. Y una y otra vez cruza el ferial, sin otro objeto  que el de hacer acto de presencia allí, como uno de tantos jinetes, para demostrar que en Sevilla, el cabalgar es virtud típica de la raza y timbre del temperamento vernáculo.
Una bella amazona
Pero no solo de exhibe la equitación masculina en el paseo mañanero de la Feria, como sise tratara de presentar un castizo museo de jinetes de la tierra, acreditativo de que exclusivamente los hombres saben cabalgar. En Sevilla se hace caballera también la mujer y el arte ecuestre no pugna con la gracia clásica de su dulce feminidad. Ved, como un regalo de la mañana clara y aromática, a la gentil amazona, con el traje romántico de terciopelo negro, perniabierta sobre el noble bruto, embutida en la chaquetilla corta y tocada con el pañuelo de seda bandoleril y la monterilla con barbuquejo. O sentada femeninamente en la enjaezada silla vaquera, con la falda ampulosa y la chaqueta viril, bajo el recortado y garboso dosel del sombrero ancho.
Con la airosa mantilla blanca
Pareja a la grupa
Todavía, nos resta una tercera estampa de caballista. Se trata de la pareja ecuestre, tan común en la feria abrileña, como en las fiestas romeras. El jinete cabalga adelantándose sobre la montura y en la grupa del corcel se asienta la hembra. El empuña el correaje y conduce con majestad el ritmo de la marcha. Ella, despreocupada de la equitación, guardando el equilibrio con la mano asida al busto del mozo, se exhibe en su belleza femenil con el traje de gitana cuajado de volantes y lunares, o el indumento vetusto y clásico de muchos años atrás que lucio la abuela, o en fin, la calada mantilla blanca de encajes que ensalza la gracia del rostro con la alta peineta de carey o de concha, verdadera diadema real.
Otra típica pareja
El diestro Arruza con una sevillana
A caballo por el ferial
Dos amazonas
Grupo de caballistas
Toda esta gama de tipos ecuestres se da cita y encuentro en las calzadas llenas de sol. Y allí relucen en el delicioso paseo matutino el rumbo en el vestir, el garbo en el montar, la bizarría y apostura del jinete, la gracia fuerte de la amazona, la armonía de la pareja.
Juanito Belmonte y Alvaro Domecq paseando por la Feria
Un tronco de caballos ataviados a la sevillana
Por entre ellos avanza a veces, el coche enjaezado, como un solio errante entre el clamor de las gentes, que admiran sus troncos fastuosos y sus ricos arreos típicos, desde el labrado de los atalajes hasta el trenzado caprichoso de colas y crines con coloreadas cintas, o las moñas y los collarones de campánulas y cascabeles que parecen acompasar el ritmo de su marcha. En el pescante, rígidos y graves van los cocheros vestidos a la usanza antigua y sobre la capota o en el interior, las guapas mozas que se exhiben en el esplendor de sus vestes polícromas, con todo el ampuloso vuelo de sus faldas de volantes, el pañolón en el busto y la mantilla y la peina con flores, esmaltando la belleza de la cara en sonrisas.....
Un coche enjaezado a la usanza típica
Otro coche típico
El clásico coche andaluz en el paseo matinal
También en los coches lucen sus galas castizas las mujeres sevillanas

lunes, 10 de abril de 2017

Fotos antiguas de Torrox, Nerja y Frigiliana, (Málaga)

Torrox, (Málaga)
Esta villa, con Ayuntamiento, cabeza del partido judicial de su nombre, y se halla edificada en forma de anfiteatro a la falda de dos elevados cerros, conocidos con los nombres de Lagos y la Rávita. La población tiene vista la mar, que dista solo 4 kilómetros, hallándose resguardada, por los citados cerros, de los vientos del Norte y Este.
Torrox más los caseríos Los Casarones de Latín, El Faro y Morche; más la fábrica de azúcar San Rafael, cuenta con 6909 habitantes según el censo oficial de 1910 y dista de Málaga 48 kilómetros; siendo la estación más cercana Torre del Mar, que se halla a 19 kilómetros, por carretera.
En sus playas, y en la llamada Punta de Torrox, tiene un buen faro, para servir de guía a la navegación; siendo la industria pesquera la más importante de la localidad.
El término produce principalmente caña de azúcar, aceite, vinos, pasas y frutas, de todo lo cual hace una importante cifra de exportación.
También abunda la caza de liebres, conejos y perdices. Hay una importante fábrica de azúcar y otra de electricidad para el alumbrado.
Se ha supuesto que esta villa corresponde a la antigua Caviclum, que está citada como mansión en el itinerario romano; no queda, sin embargo, ningún vestigio que pueda confirmar de un modo indubitable esta suposición.
Vista general.
Se halla edificada esta villa, en sitio muy pintoresco y accidentado, as corta distancia de la costa mediterránea.
El Barrio Antiguo.
Es muy característica esta vieja barriada de amontonados y añejos edificios.
Plaza de la Iglesia.
Al fondo de la típica plaza de la campesina población, aparece la sencilla y moderna fachada de la iglesia parroquial.
El Paseo.
Se da este nombre a la vía más ancha y aseada de la población.

Nerja, (Málaga)
Después de la cabeza del partido, la villa más importante del mismo es Nerja, que cuenta con una población de hecho de 6493 habitantes según el censo de 1910. Está situada a la orilla del mar y dista 54 kilómetros de Málaga y 10 de Torrox.
Su puerto está habilitado para las embarcaciones de cabotaje y la pesca constituye una de las riquezas de la población. la vega produce mucha caña de azúcar, vinos de excelente calidad, aceite, batatas, higos, pasas, maíz, judías, algarrobas, garbanzos, habas, algunos cereales y ricos frutos. Tiene fábricas de sombreros, de jabón, de aguardientes, de azúcar y de alcohol de caña. Crías ganado cabrío. asnal y mular, y celebra ferias del 9 al 12 de Octubre.
Balcón de Europa.
Se llama así al paseo, bordeado por una barandilla, que corona el espadado, desde el cual se admira un extenso panorama sobre el mar y la costa.
Ermita de la Virgen de las Angustias.
Llaman la atención las pinturas de la bóveda y el retablo barroco de esta capilla.
Calle Pintada.
Resplandece, en esta población marítima, el más cuidadoso aseo en todas sus calles.
Detalle de la playa.
Pintoresco rincón de la costa rocosa y quebrada nerjeña, en cuya playa resguardan sus barcas los pescadores. La costa de esta villa es sinuosa, generalmente acantilada, forma pequeñas bahías y playuelas, remansos de la mar, tan temible cuando se desencadena la borrasca, como apacible y llenos de encanto y poesía, en las duraderas bonanzas  de estas aguas y de este cielo.
Vista panorámica.
Nada más hermoso que este pedazo de la costa malagueña, cuya vista está tomada desde el campanario de la iglesia de Nejar.

Frigiliana, (Málaga)
Frigiliana con 2319 habitantes según el censo oficial de 1910, es otra villa de relativa importancia, que se halla a 6 kilómetros al Norte de Nerja, a la orilla del río Cazadores. De málaga dista 55 kilómetros; de Torrox 7 y 21 de la estación de Torre del Mar. El territorio es generalmente escabroso y los campos de regadío están en forma de gradas.
Produce caña dulce, pasas, cereales, judías, garbanzos, batatas, vino, aceite y frutas. Tiene fábricas de azúcar y de melazas de caña, Celebra feria el 20 de Junio.
Vista general.
Pequeña villa, asentada en la falda de un cerro, favorecida por una campiña sumamente feraz.
La Plazuela.
Así se llama el punto más céntrico de la pintoresca población.
Altar mayor de la iglesia de San Antonio.
Bonito retablo barroco, construido, como el templo, en el siglo XVIII.